In-feliz primavera
Todavía me sigo preguntando cual es el verdadero significado de los clásicos festejos primaverales. Y lo que es aún peor, que mente maliciosa tuvo la brillante idea de hacer coincidir tan patético día con el día del estudiante?
Este año, como tantos otros, he tenido el agrado de apreciar un fenómeno espeluznante: una piara sobreexitada deambulando por cualquier espacio abierto de mas de cuatro metros cuadrados, donde haya al menos 3 hojas verdes, aunque solo sean las lechugas de un sándwich vegetariano; el 80 % de estas criaturas cursan primer año de la secundaria y su DNI empieza con 28 millones, no obstante, andan por la vida felices, quitándole y agregándole eses a las palabras, con olor a papa frita húmeda y meando vino en cartón con jugo Tang por toda vereda que se jacte de estar en el recorrido fijo: “bosque de Palermo-hogar de la bestia quinceañera”.
Cada año, indignada ante este entupido festejo primaveral y exasperada aun más por la Buenos Aires cubierta de niños maleducados, no me queda más remedio que llamarme a la reflexión.
Luego de darle vueltas al asunto y de un basto análisis a la temática, sigo sin comprender que carajo es lo que se festeja. Cada 21 de septiembre me recuerda sin dudas que otro verano tremendo esta por comenzar; claro que para quien pueda pasarse los 3 meses de corrido, debajo de una sombrilla en alguna isla paradisíaca, sorbiendo alguna bebida helada y apantallada por 2 negros musculosos, el verano resulta fantástico, pero para el resto, la pobre lacra de clase media venida a menos que vamos a ser presas de cuatro paredes sofocantes y calles que refractan 110 grados a la sombra, la llegada de la primavera se parece mas al luto de la abuelita mas querida que a cualquier tipo de festejo. Algunos tendrán la gracia de haberse bancado a su jefe por mas de un año y de haber soportado con altura el basureo laboral diario y por ello, serán recompensados: 15 magníficos días de vacaciones de los cuales pasaremos 7 en casa con las persianas bajas en las horas pico para evitar que ingrese cualquier destello de sol que nos haga hervir la sangre y los 7 restantes en Santa Teresita (porque el sueldo no da para mas), segunda quincena de febrero porque es mas barato, 5 días de lluvia y 2 soleados, el primero maravilloso y el segundo untados en cremas para paliar el dolor de la quemadura de cuarto grado del día anterior. Los 75 días restantes andaremos como anestesiados inmersos en una nube de sudoración espesa que cubrirá como un manto la ciudad, apreciaremos el legitimo olor a bolas calientes en cualquier tipo de transporte publico que se precie de serlo, viviremos a yogurt Diet para poder ponernos al menos una vez la micro pollera que compramos en una liquidación del año pasado y como si esto fuera poco, organizaremos las clásicas celebraciones navideñas y del año venidero, escucharemos de nuevo a la tía Gertrudis maldecir a la tía Elcira, viviremos de nuevo aquel bello momento en que llegan los paramédicos porque la abuelita se indigestó con sandia con vino y llevaremos nuevamente al hospital al sobrinito menor con una cañita voladora incrustada en el ojo.