La sufridita
La sufridita es un ejemplar casi único de esta fauna bien autóctona que me rodea. Cual ave carroñera que se aprovecha de animales muertos o aquellos seres carentes de toda moral que se detienen en la calle para no perder ningún detalle morboso de algún accidente recientemente acontecido, cada vez que alguien tiene un mal día, la primera en detectarlo es ella y esta destreza de la que goza es la razón de sus días, la utiliza simplemente para intentar demostrarte que su vida es mucho mas dolorosa y sombría que la tuya.
No me hace falta conocerla demasiado para advertir que María Dolores, era la típica mina que de pendeja adoraba enfermarse por las inyecciones. Una dosis de 2 o 3 aplicaciones diarias la llevaba al éxtasis total, sintiéndose una mártir completa cual abuela paralítica Palestina que se inmola en atentado terrorista, sin dentadura. En el colegio seguramente era la clásica feucha desgarbada que vivía a vitaminas, ungüento mata piojos, usaba ortodoncia, anteojos y zapatos ortopédicos. Su mayor anhelo a los 12 años era descubrir que había sido adoptada, que sus padres biológicos la habían abandonado en una caja de cartón a la intemperie en la entrada a un garage un día de tormenta y que sus padres adoptivos se la quedaron porque les dio pena haberla atropellado con el auto.
Hoy, con algunos años más, la sufridita espera al acecho. Si de casualidad te la encontrás en una esquina y por educación le preguntas como anda, sin siquiera pensar en repuestas diplomáticas abre una ventana al abismo y te relata variadas escenas de su vida cotidiana cuyo protagonista principal es el mismísimo señor caos. Te cuenta que el service del televisor le cobró trescientos pesos y la tele sigue apagándose sola, te mecha con alguna afección espantosa que le aqueja la salud, de repente te bosteza en la cara y te explica que anda con trastornos del sueño y se despide rápidamente con la excusa de que llega tarde al psiquiatra.
Demás esta decir que obviamente es también muy exagerada. Con un exceso de imaginación que roza el límite de lo mitómano te transforma un estornudo en pulmonía y aunque sólo se haya arrancado un pelo mientras se peinaba, ella relata con lujo de detalle que esta buscando un médico para que le trate la alopecía. Desde aquí en adelante, basta con que le digan lo lindo que esta el día, para que ella exponga al borde del llanto que ya no puede caminar bajo el sol porque su piel es muy sensible y cualquier exposición, por breve que sea, le causaría daños actínicos irreversibles.
Pero no todo es lagrimeo en la vida, y ella realmente disfruta de sus momentos de oscio. En su tiempo libre mira películas en las que un asesino serial corta en pedacitos a todo niño rubio de ojos claros menor de tres años de edad y lo cocina en su jugo solo para alimentar a sus adorables cachorritos de Bretón. Como alternativa al cine explora la vía literaria y recurre a los libros de autoayuda tales como “el secreto inestable del alma” “envejeciendo en soledad” o “violencia intrafamiliar, mujer: sabes defenderte?”.
La llorona, claramente carece de cualquier tipo de vida social, no tiene pareja ni amigos, no habla con el Potus y las palomas no le aceptan las migas de pan.
En su lugar mi estimada, con tan patética vida, me despojaría de toda esa miseria humana que carga tras su espalda y aprovechando la soledad y el silencio de la noche subiría sigilosamente la terraza y me arrojaría sin mas, en caída libre con un camisón de algodón y puntilla rosa deshilachado, con medias de toalla violetas y sin depilar.