La mujer faro

La vida de la mujer faro es al extremo agobiante. Como necesita desarrollar a la máxima capacidad el sentido de la vista y el oído, se encuentra en ejercicio constante cual gimnasta que día tras día fortalece sus músculos. Su principal problema es que para este caso, no hay equivalentes a dietas súper proteicas ni drogas mágicas, sino que todo es fruto de su incansable e incesante esfuerzo fisgón, ad honorem por supuesto.

La omnipotente señorita “todo lo ve y todo lo escucha” tiene además un aditivo que resulta devastador, su lengua tiene vida propia y es completamente independiente de su oxidado funcionamiento neuronal. Una boludez se lleva por delante a la otra y salen (cual chorro de diarrea de elefante alimentado a laxante y chicles diet) por su prominente boca; a estas alturas es difícil determinar de donde proviene semejante caudal,  pues resulta poco probable que dos neuronas mogólicas generen tanto producto verbal.

“Farolita” es además, cuestionadora e indagadora a niveles que sobrepasan ampliamente lo soportable por cualquier cerebro normal. Su tono de vos es estridente o gangoso; como todo sonido monótono y constante llega un punto en que la diferencia resulta prácticamente imperceptible.

De todas sus cualidades la mejor, es su condición de “opinadora”. Como su nombre lo indica, es una concatenadora de palabras incansable e ignorante que no puede poner coto a su naturaleza parlanchina. No existe tema de conversación en el cual se abstenga de comentario (aunque para ello tenga que preguntar el significado de 10 de las 12 palabras que conformaron la última frase; las dos que conocía, sin duda eran preposiciones pero tampoco sabe que se llaman así).

Evidentemente resulta contraproducente para la salud de cualquier especie viviente permanecer junto a ella más de treinta minutos. Sobrepasado este tiempo, la única manera de sobrevivir es: ser sordo o claramente, compadecerse de ella. No obstante pueden experimentarse efectos secundarios que van desde una simple dermatitis cutánea a la pérdida del conocimiento. Exposiciones prolongadas pueden derivar en efectos colaterales varios como ataques psicóticos con tendencia asesina o la propia automutilación.

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