Caterva de inútiles e inadaptados
Paso tras paso, metro tras metro, voy escuchando, voy viendo, voy experimentando una especie de agonía cerebral intensa…
Primer asiento: una blonda artificial que solloza porque no consigue los Stilletos de taco chupete en colorado para este fin de semana, lamenta horrores no poder combinarlos con los aros nuevos que se compró y el tapadito blanco. Un poco mas atrás tres maestras que a prueba de sordera perceptiva o conductiva, critican a viva, vivísima voz a la maestra del primero de la tarde que organizó el acto escolar como el culo, a la portera nueva que les limpió y ordenó el armario y ahora no encuentran la caja de tizas rojas fundamentales para un buen desarrollo del día escolar y quien sabe a que tal Norma que siempre va mal peinada al colegio.
No podía ser de otra manera y no faltó el inepto al que le sonó el celular en el Bondi a las siete de la mañana de manera repetida y constante reproduciendo no se que tema popular entre tropical y cachaquero, cuando yo lo único que añoro es dormirme los veinte minutos que tengo de viaje hasta el laburo porque anoche no pude pegar un ojo ya que a mi vecina de arriba le agarró un ataque depresivo porque se le quebró una uña y su manicura está de vacaciones, evidentemente tamaña desgracia la llevó a querer reorganizar todos los muebles de su casa al estilo Fen Shui a las tres de la mañana a ver si se le armonizaba un poco la vida. Como es costumbre, en la misma parada, a la misma hora, sube el mismo pibito de siempre, con el mismo pedido de siempre -“Master, me tirá unas cuadras”-, el pobre colectivero que a juzgar por la prominente gesticulación de su rostro estimo esta casi tan podrido del pendejo como yo ya no sabe si pelearse, dejarlo subir o simplemente terminar con el problema de raíz y atropellarlo. Definitivamente hoy es mi día de suerte y le pegué con exactitud al horario escolar en el que pequeños y adorables púberes que carecen por completo de sistema digestivo, me alegrarán la mañana desayunándome encima una bolsita de girasol salado, decorándome el cuerpo con millones de cascaritas salibadas mientras se lamentan porque se suspendió la excursión a la granja educativa de la semana que viene y ya no van a poder ordeñar a la cabrita Juana.
Pero para mi consuelo…llegué a destino, es mi parada. Acá me bajo, donde hace siempre 3 grados de sensación térmica menos que en la parte civilizada de la ciudad, donde esperas que tu pasar coincida con la descarga del camión de huesos para que la jauría de perros hambrientos que pululan por las calles se entretenga tratando e alcanzar alguna cabeza de vaca pelada en vez de correrte tres cuadras hasta que logres refugiarte o te arranquen de cuajo una pierna. Pero nada de esto va a lograr desanimarme…tengo este trabajo buenísimo donde jamás soy reconocida por mis logros, donde me pagan un sueldo que apenas me alcanza para cubrir la canasta básica, donde todos delegan en mi el trabajo que nadie quiere hacer, donde capacitan a todo el mundo excepto a mi (que me capacito sola).
Y portando este carácter de mierda iracundo y llevando una tan civilizada convivencia con el mundo, de a ratos sonrío… y claramente es porque me estoy imaginando a mi misma cual Assassins creed acuchillándolos uno a uno por la espalda.