Encintadora compulsiva

Siento un impulso irresistible a la repetición de diversas acciones determinadas.

En la cocina, a pesar de que me es un hábitat adverso y las condiciones propias de este habitáculo me son como la sal a la babosa, mi comportamiento denota algún tipo de afección mental de las malas….encinto desprolijamente todo paquete que abro; desde los fideos hasta las bolsitas de las especias. El ritual de la encintadora no es nada sencillo. Primero, emparejo prolijamente a tijera el paquete en cuestión, luego lo doblo tres veces como mínimo para a posteriori darme cuenta de que tengo que soltarlo para buscar la cinta scotch; es ahí cuando revuelvo el cajón que he dado en llamar “el cementerio de las cosas sin lugar preestablecido”, encuentro a mi amiga la cinta (esquivando antes los 4 encendedores, la cartuchera de útiles escolares, la perilla de la cocina que se salió hace un mes, un destornillador…. un dedal??….si, un dedal, el termómetro y un sin fin de objetos inimaginables), le busco la punta, corto un pedazo (exageradamente grande aunque solo vaya a encintar un sobrecito de sal de 1 gramo), emprolijo a tijera los extremos, lo pego sobre la mesada, vuelvo a tomar el paquete a cerrar, lo retuerzo como he descripto con anterioridad y procedo a colocarle la cinta girando y girando en torno a la abertura cual madre que envuelve el cuello de su hijo con una bufanda de diez metros y medio en plena época invernal hasta cubrirle hasta los ojos.

La próxima, voy a intentarlo con banditas elásticas.

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